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 | INFORME GALERA: REFLEXIÓN FINAL |
El Real Betis se había salvado, bien es cierto, pero el rostro de Hugo Galera no reflejaba satisfacción alguna, sino más bien todo lo contrario. La tensión acumulada crispaba sus facciones porque era consciente que, por mucho ahínco que puso en el empeño, no había logrado evitar que el Betis fuera a ser regido por un accionista mayoritario. Sin embargo, el desenlace final fue del agrado de la mayoría de los directivos que respiraron aliviados de que se hubiera evitado la desaparición del Betis. Había otros que, aparte de Hugo Galera, no participaban de esa opinión, pero la corriente de simpatía y admiración que se granjeó Manuel Ruiz de Lopera como salvador del Betis acalló cualquier atisbo de discrepancia. La base, la inmensa mayoría del beticismo, en aquel momento, y eso lo saben todos los béticos, estaba como una piña con “Don Manuel”.
El Real Betis Balompié se había salvado porque un bético había aparecido con el talón de ochocientos millones y pico de pesetas para evitar lo irremediable. Los hechos, al respecto son claros y evidentes. Por eso, hay que exponerlo de forma tan clara pese a que en la actualidad esté bien visto meterse con Lopera que, indudablemente, lleva más de cuatro temporadas fracasando y en esta página web se reiterado sin que nos duelan prendas. Pero lo que aquí no vamos a hacer nunca es negar es la evidencia. Y lo ocurrido aquel día fue lo que Pepe Gómez ha contado y lo que todos sabemos que ocurrió. Y para apostillar un hecho de ese tipo voy a dejar una reflexión en voz alta que cualquier lector de estas líneas se puede responder así mismo.
El que suscribe, no está en disposición de asegurar, se crea lo que se crea, que Manuel Ruiz de Lopera se jugó sus cuartos por el beticismo que confiesa o por hacer negocio como le acusan sus adversarios. Pero puso el dinero necesario para que nuestro club continuara llamándose Real Betis Balompié. Pero para el que suscribe no es ese el hecho que más le llamó la atención en la referida ocasión. Lo que sí, entonces, me dejó sumido en un mar de dudas fue no ver a aparecer a aquellos que tanto protestan hoy y que contaban con el dinero suficiente para haber evitado que Lopera se hubiera hecho con la mayoría de las acciones. Ahora es muy fácil piar, entonces cuando se ventilaba el futuro del Betis, fue cuando debían haber actuado los que padecen cocodrilitis crónica. No hay un bético en estos momentos que no reconozca la pésima trayectoria que en las cuatro últimas temporadas y en lo que llevamos de ésta ha realizado Lopera al frente del club. Pero, oigan, no quieran manipular la realidad de lo ocurrido y denle al señor Lopera lo que le corresponda y critíquenle lo que merezca. Porque yo no escucho a nadie criticar a los cobardes que observaban impávido lo que ocurría y no movieron un dedo para evitarlo. El que suscribe, junto con su esposa, compró cinco acciones haciendo un esfuerzo bastante grande, pero hay muchos de los que hoy protestan que siendo dueños de haciendas muy saneadas se inhibieron y pasaron olímpicamente del problema.
Digan lo que digan los señores que estaban en dicha situación, ni Hugo Galera ni toda la cohorte que ahora, como auténticas fieras se lanzan contra el máximo accionista bético con la intención de devorarlo, estuvieron impedidos de intervenir. Como días atrás dijo nuestro director Lolo de Montesquiu, ni los amarraron a un árbol, ni los encerraron en la mazmorra de un castillo medieval, ni los sedaron en un hospital para que no se dieran cuenta de lo que ocurría. Es muy fácil, diecisiete años después de lo sucedido, querer negar lo que parece evidente. Pues bien, como al señor Lopera se le acusa de haber comprado ilegalmente las acciones que posee esperemos a ver qué estima la Justicia y después hablaremos.
Muchas veces me he preguntado: ¿Habría preferido Hugo Galera que el club no hubiese podido convertirse en SAD mejor que Manuel Ruiz de Lopera se hubiese convertido en máximo accionista? Ni lo sé ni me importa. Lo que sí me importa es que el señor Galera no hubiera actuado de la forma que nos prometió y ahora venga a camelarnos con cuentos de Calleja. Por contra, la totalidad de los directivos respiraron aliviados de que se hubiera evitado la desaparición del club, por lo que resultó muy normal que al conocer la buena nueva muchos de ellos reaccionaran felicitando y abrazando, sumamente agradecidos, a la persona que lo había evitado. Indudablemente, el beticismo manifestó en voz alta su alegría por la solución del problema y porque la iniciativa del ya máximo accionista bético impidió que las botellas de champán puestas a enfriar por los enemigos del Betis se hubiesen descorchado para brindar por el descalabro de nuestro club. Sobre las tres y media de la tarde, Lopera y Galera se dirigieron a la notaría donde esperaron a Miguel Espina hasta las cinco. Media hora después procedieron a firmar las escrituras y quedó finiquitada la cuestión.
Esa es la pura y llana historia de lo que ocurrió aquel dramático 30 de junio de 1992 que, por fortuna para el Betis, terminó con un sentimiento preñado de alegría y un incontenible y desatado sentimiento de gozo arrasador. Y, como tal, pese a que se pueda ser el mayor adversario que tenga el señor Ruiz de Lopera, es obligado reconocerlo. Y repito para que nadie se llame a engaño: soy uno de los que me siento tremendamente decepcionados de la ejecutoria que en las últimas temporadas ha mantenido el señor Ruiz de Lopera. Pero en mi opinión no todo vale, pues si se reconoce una cosa hay que reconocer la otra. En lo que a mí respecta me moriré pensando de esta forma y a mis 65 años será difícil que pueda cambiar.
El martes, 21 de julio de 1992, Hugo Galera dimitió como presidente del Real Betis Balompié por no querer continuar en su puesto tras la conversión del Real Betis en Sociedad Anónima Deportiva y quedar con un accionista mayoritario a su frente. Había fracasado en esa y otras cuestiones como dirigente bético, pero no iba a ir contra sus convicciones permaneciendo en el club tras lo ocurrido. A raíz de su marcha, Manuel Ruiz de Lopera confió hasta el último momento que recapacitara y aceptara su ofrecimiento de que ocupara la presidencia, pero en eso el catedrático fue consecuente con sus actos. Por consiguiente, Lopera nombró a Pepe León como presidente, momento en que dio comienzo una historia que es suficientemente conocida en sus aspectos más importantes. Aquí, por tanto, termina este informe referido a la actuación de Hugo Galera a su paso por las esferas dirigentes del club. Y, ojalá, lo digo con absoluta sinceridad, por lo mucho que sufrimos los béticos en aquella ocasión, no vuelva a repetirse una historia tan amarga y dolorosa para nuestro club y sus apasionados seguidores.
Según se publicó, la deuda reconocida que Manuel Ruiz de Lopera se encontró al hacerse cargo del Real Betis Balompié ascendía, nada más y nada menos, que a 3.584.571.862 millones de pesetas y su distribución era la siguiente: Deuda pública, 1.792.285.931; Hacienda, 753.006.543; Seguridad Social, 107.143.914; Banco de Crédito Hipotecario, 850.953.899, y Consejo Superior de Deportes, 81.181.575. En total 3.584.571.862 millones de pesetas. Una deuda que devengaba diariamente en concepto de intereses 1.520.000 pesetas.
No deseo finalizar la redacción de estas líneas sin referirme a determinados aspectos que guardan relación con la amplia historia hasta aquí relatada. El primero el que, independientemente de lo que opinen infinidad de béticos en la actualidad y el elevado nivel de popularidad que Manuel Ruiz de Lopera se ha ido dejando en el camino, que la historia no puede adulterarse ni manipularse a gusto de nadie. A lo largo de nuestra existencia suceden una extraordinaria cantidad de hechos, de mayor o menor importancia, cuya visión es la propia de quien proceda a relatarlos. No sucede igual, en el caso que nos ocupa, ya que los hechos narrados hasta aquí son fáciles de comprobar repasando la numerosa prensa de la época.
FIN DEL INFORME GALERA. ¿Se atreverá Hugo Galera a rebatir alguna de las 9 entregas de este informe o no será capaz de negar la evidencia?
OPINA EN EL FORO
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 Enviado por alvarobetisalcala el Jueves, 17 diciembre a las 08:24:12  (1094 Lecturas)
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 | INFORME GALERA: PARTE VII |
EL DIFICULTOSO PERÍODO DE LA VENTA DE ACCIONES
El lunes, 30 de marzo de 1992, el Betis dio comienzo a la venta de acciones con la intención de reunir el capital social de 1.175 millones de pesetas que le había sido fijado por la Liga de Fútbol Profesional para su conversión en Sociedad Anónima Deportiva. Hasta entonces, a través de la campaña de las 100.000 pesetas comenzada hacía algunos meses por iniciativa de Hugo Galera, se llevaban recaudados 11 millones. Esta primera fase, en la que cada socio podría adquirir un máximo de seis acciones, finalizaría el 8 de mayo. A continuación comenzaría la segunda en la que sólo podrían participar los que hubiesen comprado acciones en la fase anterior. Ruiz de Lopera, recorrió sin descanso un elevado número de peñas béticas ofreciendo acciones a los aficionados que, con cara de preocupación y ánimos de colaborar, se acercaban para adquirir las acciones que sus medios económicos le permitían. De esa situación, Pepe Gómez, editor propietario de "MUNDO BÉTICO", que según manifestaciones propias era el encargado de presentar en las peñas al actual máximo accionista del club, se mostraba sumamente satisfecho y emocionado. En tales visitas, Lopera prestaba dinero sin ningún interés a todo el que deseaba adquirir alguna acción y pagarlas a plazo. La mayoría se acercaban a adquirir una sola a lo que destinaban el dinero que tenían ahorrado a fin de comprar un útil para su hogar o un capricho deseado desde hacía bastantes años.
Se dieron casos tan emotivos como el de algunos jubilados que, pese a que la cortedad de sus pensiones apenas si les permitía cubrir sus necesidades más perentorias, no dudaron en sacrificarse hasta el límite de sus posibilidades con el fin de poner su granito de arena para salvar al Betis. Un pensionista ─relató Manuel Ruiz de Lopera─ que acudió a adquirir una acción a una de las peñas que visitamos, manifestó que si no hubiera tenido el dinero hubiera empeñado el reloj y tres o cuatro cosas que tenía en su casa para comprarla porque llevaba cuarenta años de bético y no podía dejar de colaborar para salvar a su Betis. Hechos, como puede comprobarse, realmente admirables.
Como estaba previsto, el viernes, 8 de mayo de 1992, finalizó la primera fase de la venta de acciones. Según se publicó, en ese período tan sólo se ingresaron 116 millones de pesetas, lo que demostraba que a ese ritmo resultaba imposible conseguir la cantidad necesaria. Dos semanas más tarde, Hugo Galera se reunió con un grupo de notables para buscar soluciones, pues el 30 de junio estaba a la vuelta de la esquina y la directiva se encontraba muy lejos de llegar a la cantidad que se necesitaba. Intentando dar un empuje a los 155 millones hasta entonces recaudados, se decidió a organizar una serie de almuerzos a los que se invitaría a 125 béticos con la finalidad de que cada uno aportara cuatro millones de pesetas. Pese a que la iniciativa fraguara, sería inevitable encontrar a un capitalista que facilitara la elevada suma que faltaría para completar los 1.175 millones de pesetas precisos. Manuel Ruiz de Lopera apuntó que se acudiera a los béticos que, aunque no fueran socios, pudieran prestar ayuda.
El lunes, 1 de junio de 1992, el Real Betis Balompié celebró asamblea extraordinaria con el fin de informar de la situación económica del club y del proceso de su transformación en Sociedad Anónima Deportiva. A la asamblea, celebrada en el estadio Benito Villamarín, asistieron unos dos centenares y medio de socios. En su intervención, el tesorero, Ángel Martín, informó que la deuda total del club ascendía a unos 2.792 millones de pesetas. Al hacer uso de la palabra, Hugo Galera echó las culpas de esa situación al Ayuntamiento del que dijo había discriminado al Real Betis en beneficio del otro club de la ciudad al que no puso impedimento para recalificarle los terrenos aledaños al Sánchez Pizjuán lo que le supuso un ingreso de dos mil millones de pesetas. Las críticas del presidente bético alcanzaron también a la Administración central, a la que acusó de incumplir la promesa de que no se pagarían las cantidades faltantes de la remodelación de los estadios para el Mundial 82, ya que el mayor porcentaje de la deuda del club procedía de esa elevada inversión. Hugo Galera, como no podía ser menos, reconoció también la parte de culpa que correspondía a su directiva y a otras anteriores por seguir la equivocada política de gastar más dinero del que se recaudaba.
Al referirse a la recaudación de los 1.175 millones de pesetas necesarios para que el club se convirtiera en Sociedad Anónima Deportiva, manifestó que sería difícil cubrir dicha cantidad, pero que las peñas se habían comprometido a recaudar entre 150 y 180 millones de pesetas y, por su parte, iba a intentar convencer a cien béticos que aportaran un millón de pesetas cada uno, y a otros 150 que ingresaran tres millones. La campaña la inició el propio Galera con doce millones de parte propia y de sus hijos Hugo, Diego y Francisco, aportando Idéntica cantidad Manuel Ruiz de Lopera, Manuel Romero y Miguel Espina. Por su parte, Juan Márquez Medrano puso nueve y tres cada uno Juan García Cobos y Valentín Álvarez Vigil. En total, en esa reunión se recaudaron 63 millones de pesetas.
Uno de los más activos en pedir ayuda para el club en momentos tan comprometidos de su historia, fue Manuel Ruiz de Lopera que alentó a participar a los presentes asegurándoles que el Real Betis no bajaría a Segunda B ni perdería su estadio. El acaudalado empresario reiteró su compromiso de mantenerse al lado del club y ayudarle en todo lo que sus medios le permitieran. Lopera echó mano de su ironía para señalar que no veía entre los asistentes a anteriores directivos que no faltaban a la hora de comer langostinos a costa del club. Un dirigente de la vieja guardia, Alfonso Jaramillo, dijo que para ayudar al Betis se podía echar mano de cualquier ahorrillo personal. Él, por ejemplo, que se cortaba el pelo una vez al mes, ahora lo haría cada tres meses y destinaría lo que ahorrara a comprar acciones, con lo que ya tenía diez e iba a adquirir otras diez, pese a cobrar una pensión de sólo 90.000 pesetas. Añadió que estaba seguro de que el Betis no desaparecería y solicitó para Manuel Ruiz de Lopera el escudo de oro y brillantes del club.
Finalizada la promoción de ascenso a Primera División de la temporada 1991-92 sin que al equipo le acompañara el éxito deportivo, todas las miradas se dirigieron hacia el grave problema de la supervivencia del club. Se acercaba el trascendental 30 de junio de 1992, en el que el Real Betis tendría que jugarse su existencia como club abonando los 1.175 millones de pesetas para conseguir su conversión en Sociedad Anónima Deportiva y eludir la fatídica cornada de la desaparición tras 85 años de historia. La preocupación era total y, pese a que la directiva hacía desesperados esfuerzos para evitar lo que a esas alturas parecía irremediable, las perspectivas que se vislumbraban no invitaban a acudir al optimismo. Manuel Ruiz de Lopera anunció que estaba dispuesto a comprar el 25 por ciento de las acciones que sobraran, esperando que otros tres béticos de posibles hicieran lo propio. Sin embargo, ni siquiera así se logró cubrir el capital necesario. Lamentablemente, nadie dio un paso al frente y la montaña que había que salvar se erigía impresionante dejando en evidencia la imposibilidad del empeño.
El jueves, 25 de junio de 1992, la prensa anunciaba que Javier Gómez Navarro, secretario de Estado para el Deporte, en una visita girada a Sevilla se refirió a la complicada situación de Real Betis y CD Málaga en su intento de convertirse en SAD. La declaración la hizo en una rueda de prensa organizada con motivo de la firma de un convenio con la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía para la ampliación de la infraestructura deportiva de nuestra región. El secretario de estado declaró ser excesivamente complicada la situación de ambos clubes, precisando que la moratoria pedida ese mismo día por el Real Betis no estaba recogida en el reglamento, pues un medio similar sólo podía concederse en casos excepcionales y, en su moratoria, el Real Betis sólo argumentaba falta de tiempo.
Por fin, tras demasiadas angustias, tribulaciones, temores y tremendos momentos de zozobra llegó el día D: el martes, 30 de junio de 1992, en el que se cumplía el plazo para la conversión de los clubes en Sociedades Anónimas Deportivas, sin que el Real Betis dispusiera del dinero necesario para conseguirlo. El histórico club verdiblanco se encontraba en una de las situaciones más dramáticas de su longeva y gloriosa historia. Su directiva, en espera de lo peor, se hallaba reunida desde primeras horas de la mañana para conocer el plan trazado por Hugo Galera con el que el presidente pretendía que el club pudiera aportar sin problemas los 1.175 millones de pesetas que necesitaba para convertirse en Sociedad Anónima Deportiva. Pero el plan del fracasado presidente, muy tardío y poco realista, no obtuvo la finalidad perseguida. En aquellos instantes todo, absolutamente todo, se consideraba perdido. Hacían falta casi 800 millones de pesetas para salir del atolladero y el panorama era más negro que tiznado. El relato que ofreceremos de la espeluznante jornada del 30 de junio de 1992, será de una persona cuyo desafecto actual con Manuel Ruiz de Lopera no tiene alguna: Pepe Gómez, editor propietario de "MUNDO BÉTICO" , que aquella mañana estuvo siguiendo la noticia hasta que, cercanas las tres de la tarde, se produjo el definitivo anuncio de lo ocurrido.
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 Enviado por alvarobetisalcala el Jueves, 19 noviembre a las 15:16:12  (870 Lecturas)
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 | INFORME GALERA: PARTE VI |
LA LLEGADA DE MANUEL RUIZ DE LOPERA, TABLA DE SALVACIÓN PARA EL FRACASO DE HUGO GALERA
Lo importante de la temporada 1991-92, hay que volver a repetir, fue la llegada de Manuel Ruiz de Lopera como vicepresidente para asuntos económicos. Sobre quién presentó al actual máximo accionista del club a Hugo Galera hemos oído dos versiones distintas. Por un lado, José Gómez Muñoz, editor y propietario de "MUNDO BÉTICO" mantiene que fue él quien facilitó la primera entrevista de Manuel Ruiz de Lopera con Hugo Galera, mientras que José León, actual presidente del club, siempre que se ha referido al tema, ha declarado que el actual máximo accionista bético, desembarcó en el Betis por su mediación. José Gómez Muñoz, relató la historia de la forma siguiente: Yo, por entonces, colaboraba muy estrechamente con el club y con su presidente, Hugo Galera. En noviembre de 1991, observando lo complicado que se estaba poniendo el asunto del crédito solicitado a Unicaja, El Monte y la Caja de San Fernando, así como el desfase presupuestario que se esperaba al final de la temporada fijado entre trescientos y quinientos millones de pesetas, Hugo me comentó: “Pepe, necesito un vicepresidente económico que tenga dinero y sea capaz de ayudar a que el club no se nos vaya a pique. ¿Tú conoces a algún bético de esas características?
Recapacité un momento a ver que nombre se me ocurría y, al pronto, di con la clave del asunto. Se me vino a la mente el nombre de Manuel Ruiz de Lopera, un bético de fortuna considerable, al que había conocido de forma casual. Mi esposa había hecho amistad con la suya y una hermana de él en un cursillo de alimentación al que asistieron juntas. En cierta ocasión que coincidimos, nos presentaron y ahí se estableció una corriente de simpatía mutua que no disminuyó con el paso del tiempo. Yo he de confesar que admiré y colaboré con el empresario de la calle Jabugo muy intensamente. En un principio, nuestra relación se reducía a saludarnos cuando nos veíamos los domingos de partido en el campo del Betis. Sin embargo, después supe de su gran fortuna y beticismo y de un detalle que me dio a entender su talla de bético: que primara a los jugadores de nuestro equipo por ganar con electrodomésticos de la cadena de tiendas que poseía.
El hecho me impulsó a hacerle una entrevista para “MUNDO BÉTICO” a fin de que se manifestara sobre la gravísima situación por la que atravesaba nuestro club. En dicha entrevista, él manifestó con toda firmeza y decisión: “Yo tengo la solución para sanear al Betis”. En vista de lo publicado, muchos aficionados que leyeron la entrevista, se dirigieron esperanzados a nuestra redacción alegando que si había un bético que tenía la solución para el resurgimiento del club, quién mejor que él para hacerse cargo de su destino. Al poco de publicarse la entrevista, le llamé para preguntarle si seguía manteniendo lo declarado en la misma, ya que si era así podría ponerle en contacto con el presidente, Hugo Galera, que, con toda seguridad, se sentiría muy satisfecho de contar con su apoyo en unos momentos tan cruciales para el Betis. Me respondió que sí y, al poco, Manuel Ruiz de Lopera ya formaba parte de la junta directiva del club como vicepresidente económico. Esa fue la forma de cómo Manuel Ruiz de Lopera llegó al Betis y nadie puede decir lo contrario.

Al margen de lo expuesto, el actual presidente del club, José León Gómez, siempre que la situación ha salido a colación no se recató en declarar que fue él quien presentó a Manuel Ruiz de Lopera a Hugo Galera, lo que propició el ingreso como directivo bético del actual máximo accionista del Real Betis Balompié. En definitiva, que fuese quien fuese el que facilitara la llegada de Ruiz de Lopera al club, es fácil de imaginar la alegría que recibiría el atribulado Hugo Galera cuando el acaudalado empresario de la calle Jabugo aceptó el puesto de vicepresidente económico que tan encarecidamente le ofreció. Su alivio sería tan elevado que le parecería un milagro contar en su junta directiva con un triunfador nato en los negocios que, por demás, como asegura Pepe Gómez que le había dicho era bético de corazón. Al respecto, en un documento federativo fechado el viernes, 31 de enero de 1991, en el que se relacionaba la junta directiva bética que reemplazó a la nombrada a mediados de octubre del año anterior, Manuel Ruiz de Lopera aparecía citado ya como vicepresidente primero. Hacemos hincapié en ello, porque para llegar hasta ahí se planteó la complicada situación siguiente:
Pese a lo reconfortante que supuso para Hugo Galera la incorporación de Manuel Ruiz de Lopera en su junta deportiva, su incorporación tuvo también sus imponderables. El más grave el que la política económica, agresiva y fuerte en inversiones del nuevo directivo, chocara frontalmente con la forma más austera y precavida del vicepresidente Manuel Romero. Esta situación provocó que Romero amenazara con marcharse si la situación no se reconducía. El conflicto obligó a Galera a convocar, para el miércoles, 18 de diciembre 1991, una junta directiva urgente a fin de solucionar el problema e intentar que la situación no se deteriorase. En el transcurso de la reunión, en la que el enfrentamiento entre los dos vicepresidentes fue muy tenso, quedó patente que la diferencia de criterio entre Romero y Ruiz de Lopera era total e imposible de reconciliar. Lopera mantenía que se avalaran los fichajes que se realizaran por un grupo financiero que había buscado para el caso de que el club no pudiese abonarlos, mientras que Romero era partidario de una política mucho más austera y de invertir menos dinero en un momento tan crítico para el club.
Manuel Ruiz de Lopera base y apoyo del atribulado presidente Galera
A lo largo del tenso y acalorado debate, Galera discrepó también de los postulados de Romero por lo que, tras un duro enfrentamiento entre los dos antagonistas, dio su apoyo total a Manuel Ruiz de Lopera al que nombró vicepresidente primero y convirtió en el hombre fuerte del club. A lo largo de la reunión quedó meridianamente claro que la práctica totalidad de los directivos apoyaban a Lopera y a sus métodos, ya que veían en él al hombre providencial que podía erigirse en la pieza clave para superar los momentos tan críticos que tan a duras penas venía soportando el club. Y para ello se necesitaba el dinero que Lopera podía aportar como a renglón seguido comenzó a comprobarse. No hay que olvidar que el Betis vivía una situación muy difícil de solucionar y contar con una persona del poderío económico del empresario de la calle Jabugo suponía una reconfortante y tranquilizadora ayuda. En vista de lo ocurrido y que toda la directiva, incluido el presidente, estaba con Lopera, Manuel Romero decidió dimitir y marcharse.
En esos momentos, la directiva esperaba la concesión del crédito de 300 millones solicitados a las Cajas de Ahorro que, por unas u otras razones, no acababa de ser aprobado. El martes, 7 de enero 1992, este asunto experimentó un nuevo giro al no aceptar las entidades financieras los avales presentados por faltar la firma de la esposa de Galera que se negaba a participar en la operación. Entre dimes y diretes, que si yo te dije, que si tú me dijiste, que si tal, que si cual, la presidenta consorte desapareció de la escena y fue sustituida por el directivo Carlos Pacheco, ue por cierto también tomaría las de Villadiego a no tardar mucho. Dos semanas más tarde, se produce el episodio número (…?) de “La historia del préstamo”. Ahora, las Cajas emitieron un comunicado para convencer a la afición bética de que ellas no eran tan malas como se las pretendía representar; que querían mucho al Betis y que iban a hacer todo lo que estuviese en su mano para ayudarle. “Mira si somos buenas ─daban a entender─ que, aunque no sea un procedimiento habitual, estamos dispuestas a admitir a otro avalista en sustitución de la esposa de Galera con las garantías necesarias. O sea, igual que hicieron en el caso del señor Fernández y esposa que fueron sustituidos por el señor Lopera y consorte, aunque también los suegros del actual máximo accionista bético participaron con sus bienes en avalar la solicitud del préstamo. ¿Habría terminado por fin el inacabable culebrón de la concesión del préstamo? Veremos que ocurre, se dijeron directivos y socios que estaban ya hasta el pelo de lo que venía sucediendo con el dichoso, aunque imprescindible, préstamo.

El martes, 18 de marzo de 1992, la Liga de Fútbol Profesional expuso al Betis las condiciones y formas de pago de la cantidad a ingresar para la inclusión del club en el Plan de Saneamiento. Éstas eran las siguientes: un talón de 8.798.000 pesetas por gastos de aplazamiento; una letra con vencimiento al 15 de septiembre, avalada por una entidad bancaria, por valor de 50.031.338; otra de 78 millones, avalada por una financiera, y la entrega de las cédulas hipotecarias con vencimiento en 2001. Estas condiciones fueron aceptadas por la directiva bética, ya que la financiera FARUSA, de la que era accionista Manuel Ruiz de Lopera, se comprometió a avalar la cantidad que necesitara el Real Betis en dicho asunto.
El viernes, 27 de marzo de 1992, mereció que sonaran las campanas de la Giralda en honor de la entrada del Real Betis en el Plan de Saneamiento. No era para menos después de lo intrincado que había sido el camino recorrido para la consecución del préstamo que lo posibilitaría. Por otra parte, la directiva anunció que no serían diez sino seis acciones las que podría adquirir cada socio en la primera fase, ya que su número ascendía a 17.536. Una vez subido el Tourmalet de la entrada en el Plan de Saneamiento, había que ascender el Galibier de la venta de las acciones que depararan los 1.175 millones de pesetas que se necesitaban para que el club quedara convertido en Sociedad Anónima Deportiva. En ese momento, como volvería a hacer cuando se consiguiera ver cumplido el ansiado propósito, Hugo Galera agradeció públicamente la gran ayuda prestada por su admirado vicepresidente económico, Manuel Ruiz de Lopera, y de la financiera FARUSA de la que aquel era accionista, para que el club lograra salir del atolladero en el que se hallaba metido.
PD: Agradecer a Manuel Carmona y a contigosiemprebetis el enorme trabajo y esfuerzo para la realización del informe Galera. En nombre de loperistas.com, muchas gracias.
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 Enviado por alvarobetisalcala el Miércoles, 28 octubre a las 18:43:47  (1250 Lecturas)
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 | INFORME GALERA: PARTE V |
La ridícula gestión de la rifa de coches
La siguiente temporada, la 1990-91, fue igual de desastrosa que las anteriores, aunque sólo en su primera media parte. Ocurrió así porque, tras la llegada de Manuel Ruiz de Lopera, en diciembre de 1990, al que Galera nombró vicepresidente económico, la situación mejoró notablemente. A raíz de su incorporación baste tan sólo con recordar que, una de las primeras iniciativas de Ruiz de Lopera, fue viajar a Praga en compañía de Juan Márquez Medrano para gestionar el fichaje del renombrado ariete checo Kukleta al que no se había podido fichar en la pretemporada por la impenitente falta de liquidez económica del club.
Hasta entonces, la directiva que presidía Hugo Galera, inmersa en una caótica situación económica, se veía impotente para reunir un equipo que militara con cierto desahogo en la División de Honor.
Al final, bien es cierto, el descenso resultó inevitable. Pero, al menos, la llegada del afamado delantero centro ─que por desgracia no dio el resultado apetecido─ creó un ambiente de esperanza en el beticismo que llegó a creer que la suerte del club mejoraría lo suficiente para eludir el tan temido descenso, lo que infelizmente no llegó a ocurrir. En aquella temporada, la directiva intentó llegar a la cifra de 30.000 socios, pero el panorama no estaba para empresas de ese tipo, aunque, según publicó algún medio de comunicación de la ciudad, el número no alcanzó los 25.000.
Pese a todo, la directiva no logró ver reducido el déficit existente, sino que, por el contrario, los números rojos continuaron aumentando.
En esta temporada ocurrió un hecho que puso al beticismo en contra de Hugo Galera. Los aficionados verdiblancos no llegaron a entender, por muchas vueltas que le dieron al asunto, cómo podían suceder en el club hechos tan decepcionantes. Resulta que, entre las ideas geniales del iluminado Hugo Galera en su intento de mejorar la dramática situación económica en la que se debatía el club, se llevó a la práctica para obtener ingresos económicos por medio de rifar automóviles de lujo. De esa forma en enero de 1991, el Betis se retrotrajo al final de los años cuarenta cuando se salvó de desaparecer a base de muchos sacrificios y... de bastantes rifas.
Carlos Pacheco, un directivo, sugirió a Galera que se imprimieran papeletas por valor de cien millones, a mil pesetas cada una, para el sorteo de cinco automóviles de lujo. El presidente siguió la sugerencia de su directivo y ofreció a los componentes de la junta consultiva talonarios por valor de un millón de pesetas para que los distribuyeran entre sus conocidos, amigos y familiares. Pero éstos, presos de la mayor incredulidad, rehusaron participar en un asunto que consideraban humillante. La primera negativa fue la de Juan Salas Tirado, pero el catedrático de Anatomía Patológica justificó su actuación con el argumento de que el club podía terminar la temporada con un déficit de 300 millones de pesetas.
Sus directivos no vieron como solución del problema el sistema que su presidente quería llevar a la práctica, y por considerarlo como un desdoro para la imagen del club en los tiempos que corrían.
La respuesta de Salas Tirado fue tan concluyente que respondió a galera que si hacían falta cien millones de pesetas que se dirigiera a los socios que pudieran colaborar y se buscase otra fórmula para obtener dinero. No obstante, como había pocos dispuestos a soltar la “tela marinera” que el club necesitaba, Galera pidió colaboración a los tres directivos que había dejado fuera de su anterior junta —León, Conejo y Carrasco— a lo que, para ello, se le dijo que tendría que volver a incorporarlos a la actual directiva. Otros, por contra, manifestaron que se marcharían si lo propuesto por el presidente llegaba a llevarse a la práctica. Pese a todo, Galera citó a León, Conejo y Carrasco con el fin de conocer si estaban dispuestos a prestar su colaboración en el asunto.

La reunión, se celebró a las cuatro y media del domingo, 30 de diciembre de 1990, en el despacho de Galera, día que jugaban en el Villamarín el Real Betis y el Valladolid. En dicho partido, varias azafatas comenzaron a vender los primeros boletos para el sorteo del primer automóvil.
Una vez reunidos, Galera, tras explicar a sus interlocutores el asunto, les comentó que confiaba en ellos porque eran personas influyentes y podrían colocar muchos talonarios en su entorno más cercano. Para ello, les ofreció su despacho y un teléfono a cada uno a fin de que desde allí se dirigieran a las personas que creyeran más conveniente. Al final, se acordó mantener una nueva reunión la semana siguiente y se despidieron hasta entonces. El lunes, 15 de febrero de 1991, por el número de la ONCE, se rifó el primero de los cinco automóviles. La recaudación total de los cinco sorteos supuso al club un ingreso de 20 millones de pesetas, o sea un 20 por ciento del total. Finalizadas las respectivas rifas de los cinco automóviles, en cuatro la fortuna correspondió al club que encontró las papeletas premiadas entre las sobrantes del sorteo.
Mientras tanto, pasaban las semanas, la situación del club empeoraba sin remedio y Hugo Galera cada vez se mostraba más desesperanzado de llevar al club a la normalidad. Su impotencia para reconducir la crítica situación por la que atravesaba el club desde que accedió al cargo, aumentaba a pasos agigantados tanto en la vertiente económica como en la deportiva.
De ahí que no extrañó que llegase a declarar que estaba dispuesto a dejar su cargo a quien aceptase a poner el dinero que el club necesitaba para seguir adelante sin problemas. A esto salió a la palestra el socialista Manuel Domínguez, que había sido vicepresidente del club con Martínez Retamero, quien manifestó que estaba dispuesto a poner 500 millones de pesetas para ser presidente, a lo que Juan Salas, que había sido también vicepresidente con el propio Martínez Retamero, le replicó que la historia del Betis no se podía comprar con 500 millones de pesetas.
El jueves, 30 de mayo de 1991, la prensa publicó que los personajes más influyentes del beticismo opinaban que Galera debía de dimitir porque su gestión había sido pésima. El peor error de la nefasta temporada 1990-91, en la que el equipo cosechó un nuevo descenso a Segunda División, estuvo en la parcela deportiva. El cada vez más desacreditado presidente fichó tarde y mal, por lo que desde un principio se observó con meridiana claridad que no se contaba con equipo suficiente para mantener la categoría.
La respuesta de Galera a las críticas recibidas fue declarar que no dimitiría porque su fracaso sólo era deportivo, dado que la crisis económica que padecía el club la había heredado de los anteriores dirigentes. Naturalmente, Galera se abstuvo de admitir que el déficit recibido continuaba aumentando por la falta de capacidad y acierto de la que hacían gala él y sus directivos.
Sus argumentos carecían de consistencia, ya que con el poco tiempo que llevaba en el cargo parecía muy extraño que no recordara las promesas hechas a la afición tendentes a corregir los errores y desaciertos de su antecesor para lo que hacía falta bastante dinero.
Un hecho de esta naturaleza era fácil comprender, dado que a la hora de pretender sanear a un equipo endeudado hasta los ojos, resultaría imposible conseguirlo sin la necesaria inyección económica que exigía una situación tan ruinosa como la que padecía el club.
Para ello, en su intento de solucionar en parte tan gravísima problemática, su siguiente iniciativa “para salvar al Betis” ─según publicó la prensa el viernes, 28 de junio─ consistió en pedir cien mil pesetas a cada socio en concepto de préstamo. Dicha cantidad sería canjeada, llegado el caso, por acciones cuando el club fuese convertido en SAD y éstas fuesen puestas a la venta.
Resultaba obvio deducir que, para llevar a buen puerto a una nave que amenazaba con naufragar de manera irremediable, lo único que hacía falta eran menos palabras y más dinero.
Concretamente aquel que Hugo Galera y sus directivos no fueron capaces de buscar ni de aportar tras desbancar a Martínez Retamero de la presidencia y hacerse cargo del club. Por consiguiente, así de mal le continuaron yendo las cosas al desesperado Betis que, día a día, se sumía aún más en la miseria y en la desesperación de la que el inepto señor Galera y acompañantes fueron incapaces de sacarlo.
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 Enviado por alvarobetisalcala el Lunes, 12 octubre a las 14:56:12  (974 Lecturas)
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 | Ivan Larriba agradece el cariño a la afición |
alvarobetisalcala escribió "Iván Larriba quiere agradecer públicamente el cariño recibido después de la sanción impuesta por un juzgado en el que debe pagar un euro por dañar el honor a Julián García de la Borbolla calificándolo como "Ratoncito Pérez".
En un bar sevillano realizaron una colecta de manera desinteresada para ayudar económicamente al director de comunicación del club, con un gran éxito en apenas unos días. Según Iván Larriba: "quiero agradecer el cariño mostrado por todo el mundo, seguiremos diciendo la verdad, y la sentencia todavía no es firme, de todas formas, el dinero que se está recaudando en el estadio y en iniciativas como esta se le entregará a alguna causa solidaria".
Sobre de la Borbolla, Larriba afirmó que: "Julián ha hecho bien en ir al juzgado si ha sentido que pudiera dañarle el honor, pero nosotros no creemos que lo hayamos hecho y por eso recurrimos la sentencia".
Iván Larriba quiso dejar claro que "en la sentencia también se dice que Julián es personaje público y que pertenece a PNB, algo que él había negado, también dice el juez que realiza oposición firme a Lopera".
Y sobre todo "nunca dice la sentencia que todo lo que hemos dicho de Julián sea mentira, incluso el tema de los quesos, sólo nos dice que podíamos tener otra forma de decirlo más elegante". "
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 Enviado por kurto el Sábado, 18 abril a las 00:01:12  (5499 Lecturas)
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